¿Quién no ha escuchado hablar de "los chicos de la calle"? Así rotula nuestra sociedad a los menores de edad que se encuentran en situación de calle. Y los condena, por medio del lenguaje, a permanecer en esa situación, como si fuera algo natural e inevitable; como si no hubiera nada que pudiera hacerse por ellos.
Si son de la calle, la pobreza y el abandono ya no son para esos niños tristes condiciones circunstanciales, sino rasgos que los definen esencialmente. Si son de la calle, pertenecen a ella, se asimilan al paisaje, y entonces dejan de llamar la atención, no conmueven ni escandalizan a nadie.
Probar la discriminación
Esto hace que, en los hechos, cuando salimos de casa, nos encontremos con dos tipos de niños: los que son de la calle y los que simplemente están allí, de paso. Unos son ajenos, distintos a nosotros, mientras que a los otros los sentimos y tratamos como semejantes. Unos no reciben más que indiferencia ante el sufrimiento y el desamparo; los otros, despiertan inmediata compasión y reciben asistencia.
Así lo prueba un ingenioso experimento, realizado en Brasil con cámaras ocultas:
Esta experiencia, original en su planteo y triste en sus resultados, no hace más que presentar con crudeza la realidad que muchos vemos cotidianamente en nuestras ciudades. ¿Si se hiciera una prueba similar en tu ciudad, los resultados no serían similares?
Entonces, ¿somos iguales o no?En el discurso, todos sostenemos la igualdad esencial de los seres humanos. Es fácil hacerlo, y es políticamente correcto. Pero en el día a día, lo que se observa es bastante diferente:
a las personas se las trata según su color de piel, su nacionalidad, su posición social, su religión, etc., según el caso. Entonces, decimos que todos somos personas, pero actuamos como si algunas lo fueran más que otras. Como suele decirse, "del dicho al hecho hay mucho trecho".
La
Declaración de los Derechos del Niño se ha reconocido ampliamente en Occidente, a nivel legislativo e incluso constitucional. El documento lista, claramente, los derechos que tienen los más pequeños: entre otros, a recibir educación, a crecer y desarrollarse en buena salud, y a ser protegidos contra toda forma de abandono, crueldad y explotación. Afirma también que esos derechos valen para
todos los niños, "sin excepción alguna ni distinción o discriminación por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento u otra condición".
Animación sobre los Derechos del Niño
Es decir, que los derechos de los menores de edad se encuentran muy bien protegidos en el plano legal. Lo que falta, como vimos, es que el respeto a esos derechos se manifieste de hecho: que la ley se cumpla y se haga cumplir. Que los ciudadanos y nuestros gobiernos, en todos los niveles, basemos nuestras acciones en esos loables principios.
Dejar de rotular a otros seres humanos, cualquiera sea su edad, como
los pobres o
la gente de la calle, es un buen modo de empezar. Luego, quizás podamos mirarlos como personas, del modo que lo haríamos con todo aquel que consideramos semejante.
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