Hay cosas que una persona que habla en público no debe decir, a menos que quiera ganarse el enojo y el desprecio de sus oyentes. Ya sea docente, conferenciante, vendedor o presentador de TV (entre otros), debe evitar las diez estrategias que se enumeran en este post.
José Antonio Hernández Guerrero y María del Carmen García Tejera, en su libro El arte de hablar, presentan estos comportamientos como "abusos de los recursos oratorios". A continuación, hago un resumen de la lista que presentan estos autores:
- Exceso de humildad. Usa tantas expresiones de modestia que, en lugar de captar la benevolencia del público, termina generando lástima o irritación. “De este tema mis conocimientos son escasos”, “me siento indigno de pronunciar este discurso”, etc.
- Proclamar la obviedad y la evidencia de los propios argumentos. El orador insiste en la claridad de una tesis oscura, o en la facilidad de un argumento difícil, de modo tal que queda como pedante o hace sentir al oyente como ignorante.
- Creación de excesivas expectativas. Hace una introducción tan prometedora que es casi imposible no salir frustrado. Es preferible no generar tantas expectativas y luego sorprender, que elevarlas demasiado para después decepcionar.
- Reírse de los propios chistes. Uno hace gracias para que rían los demás, por lo que resulta ridículo, chocante y antipático que sea uno el que festeje sus propios chistes. Y más, cuando al público no le resulta divertido lo que se ha dicho. Si el orador ha de reírse, debería hacerlo únicamente respecto de sus propias desgracias, para generar simpatía y complicidad.
- El autobombo y la autocomplacencia. Quien habla mucho y muy bien de sí mismo no se gana precisamente admiradores. Esas palabras producen hartazgo, hastío o, en el mejor de los casos, compasión.
- La autojustificación permanente. El orador se la pasa pidiéndole al público autorización y comprensión para lo que está haciendo o para lo siguiente que hará. Es un síntoma de inseguridad personal.
- La indignación incontrolada. Una cosa es hacer énfasis, o un momento de mayor carga emotiva en una argumentación. Otra cosa es sobreactuar. Cuando el orador exagera demsiado su oposición respecto de ciertas ideas o personas, no va por buen camino, porque queda ante sus oyentes como malhumorado o como actor?
- Ingenuo optimismo o catastrofismo. A veces, con el fin de dar una conclusión esperanzadora o alarmente, el orador omite datos de la realidad que resultan evidentes.
- Paternalismo. Quien habla trata intelectualmente a sus oyentes como si fueran niños y él fuera un padre bondadoso que viene a salvarlos de la ignorancia. No importa si lo hace sin darse cuenta, o si verdaderamente se cree superior; lo cierto es que a nadie le gusta que lo subestimen.
- El anuncio reiterado del final. Es uno de los errores más irritantes. El orador promete varias veces que el final de su intervención es inminente, pero pasan los minutos y sigue hablando. Es mucho mejor dar una estimación realista del tiempo restante, o bien no hacer anuncios al respecto.
¿Qué otras conductas te hacen pensar que alguien es un pésimo orador?
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