Un trajeado oficinista apura el paso hacia la próxima reunión, al tiempo que sorbe con firmeza los últimos tragos de su gaseosa. De repente, la botella plástica cae y, mientras rueda al encuentro de otros residuos en un rincón oscuro y mugriento, ve cómo su dueño se aleja, indiferente. Quizás permanezca allí por horas, o por días, hasta que un barrendero haga por dinero lo que aquel hombre debería haber hecho por respeto a sus conciudadanos.
Quien camina por Buenos Aires es testigo frecuente de hechos semejantes: pasajeros que arrojan colillas de cigarrillo a las vías del tren, peatones que dejan caer papeles, botellas y envoltorios, automovilistas que en plena calle tiran de todo por la ventanilla... Así, ricos y pobres, grandes y chicos, personas de todas las razas y creencias demuestran diariamente lo poco que les importa el prójimo. Lo poco que les importa el derecho de los seres humanos que vienen detrás a transitar por una calle tan limpia o tan sucia como ellos la encontraron.
Yo mismo he presenciado varias de esas tristes escenas, incluso a pocos centímetros de los cestos públicos de basura. Es desalentador comprobar que miles de esos receptáculos, recientemente instalados, no han podido doblegar los hábitos destructivos de muchos porteños. Parece claro, entonces, que esto no es más que la manifestación de un problema cultural más profundo. Pero podemos decir basta...
¿Qué hacer?
Dada esta realidad, no creo que una salida represiva pueda dar buenos resultados: por ejemplo, colocar policías en las esquinas con la orden de multar a los incivilizados. Esto traería más problemas que beneficios.
A mí se me ocurren dos soluciones posibles, y ambas involucran procesos de comunicación:
- Coerción por medio de la vergüenza. Que los ciudadanos, hartos de la suciedad, comencemos a llamarles la atención en público a las personas que la causan. Eso puede hacer que tomen conciencia del error, o que, al menos, la próxima vez se abstengan de tirar basura en la calle por miedo a alguien les haga otro escándalo.
- Campañas masivas de sensibilización. Que el gobierno y las ONG promuevan el cuidado del espacio público a través de los medios de comunicación. Más allá de la forma que adopten en cada caso los mensajes, éstos podrían enfocarse en las consecuencias negativas de la conducta (suciedad, contaminación, desvalorización) y en el hecho de que maltratar lo colectivo implica, en alguna medida, un auto-maltrato.
Educar por la TV
A continuación, algunos ejemplos de spots televisivos que intentan generar conciencia. El primero es de la Fundación de la Ciudad de Rosario (provincia de Santa Fe, República Argentina):
El siguiente pertenece a la Municipalidad Provincial de Arequipa, Perú:
Por último, también en Perú, un spot que se dirige a los habitantes de Puno:
Con sus matices regionales, el mensaje es el mismo: quien tira basura le hace daño a su ciudad, molesta a sus conciudadanos y, finalmente, se perjudica a sí mismo.
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¿Te parece importante que los vecinos no ensucien la ciudad? ¿Por qué lo hacen? ¿Cuál es tu reacción cuando ves a alguien tirando basura en la calle? ¿Cómo se da todo esto en tu ciudad, y qué acciones se toman contra esta forma de maltrato al espacio público?
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La fotografía es de Orcoo

















2 comentarios:
concuerdo en el hecho de que el arrojar baasura en la calle esta estrechamente ligado a la falta de respeto por el otro y agrego que es también falta de respeto a uno mismo... creo además que todo esto tiene que ver con la sociedad individualista de la que formamos parte, tal vez soy muy poco optiista pero me resulta difícil creer que ese tipo de actitudes podrían mejorarse, ya que es un problema de raíz, se trata de valores que deberían iculcarse desde muy chicos, y la sociedad así como las insituciones que deberían garantizar el cumplimiento de tales roles hace tiempo que dejaron de hacerlo...
no digo que no sea posible, por ahora hay que empezar por uno mismo
Hola, Fermina, gracias por tu comentario. Yo también considero que se trata de un problema de raíz, pero no sería tan pesimista sobre la posibilidad de producir mejoras. En muchos casos, se actúa de ese modo por inconsciencia o por costumbre, y no con una deliberada intención de faltarle el respecto a otros.
Como vos decís, empezar con uno mismo y dar el ejemplo es una buena forma de poner el propio granito de arena para que las cosas cambien.
Un saludo!
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